Hoy es la última función en Valencia de esta producción del IVC, con dirección de Jorge Picó.
Aquí una pequeña reflexión sobre mi trabajo en ella:
Según palabras de Lope de Vega, -en boca de Mordacha-: ‘La música es divina concordancia deste mundo inferior y del angélico. Todo cuanto hay en todo, todo es música; música el hombre, el cielo, el sol, la luna, los planetas, los signos, las estrellas; música la hermosura de las cosas»
Por tanto, prácticamente el 100% de la música del espectáculo es diegética, se genera dentro de la historia por los propios personajes. Los locos sienten la música, la imaginan, la crean con los objetos que encuentran en su deambulación por el hospital: libros, embudos, cubos, etc,. Además de, -por supuesto- con ellos mismos, usando sus voces, siempre empastadas, siempre imbricadas, gracias a una práctica cotidiana conjunta en la búsqueda y captura de la belleza.
Realmente los habitantes del hospital no son locos, sino enloquecidos, por exceso de estudio, de pasión o de poesía. Sienten la música dentro, cosa que les permite conectarse con la armonía cósmica que hay entre cielo y tierra. La música que ya los pitagóricos empleaban para curar y reconciliar al individuo, sintonizándolo con la música del alma.
Gracias a esta conexión interior, los locos disponen también de una percepción especial y una empatía extrema hacia todo lo que sucede ante ellos. Reaccionan musicalmente a lo que ven, a lo que oyen, y también a lo que están sintiendo los personajes principales, a quienes acompañan, guían o reconfortan.
El camino de la creación ha sido transversal al resto de procesos y me ha requerido no solamente trabajar codo con codo con la dirección, sino también en conexión con el departamento de escenografía y atrezzo y, por supuesto, con los actores y actrices.
Gracias a un maravilloso equipo se ha podido levantar este universo sonoro natural y orgánico. Una propuesta musical que ayuda a sumergir al espectador en un universo bello, sensible y muy atractivo para cualquier cuerdo.